
Un día como cualquiera en Madrid
Leonor Silvestri
leocatlove@hushmail.com
“Yo trabajo para el Estado porque quiero hacer el Bien”
Policía Español conductor hacia la cárcel de Morataraz
Ayer 27 de Enero de 2010 fue un día como cualquier otro en el barrio de Tetuán, Madrid, España. Tetuán es uno de los barrios más grandes de la capital del Estado Español. En este barrio se condensa lo más obrero y lo más marginal con lo más rico y burgués: a metros de distancia del ejecutivo top de Google, la persona migrante dominicana trabaja a sol y sombra en su ciber café adonde van las trabajadoras sexuales que jamás terminan su jornada. En este barrio, se encuentra, además de grandes inequidades, varias viviendas habitadas por okupas, es decir personas activamente resistentes a la idea de la propiedad privada que desean – en muchos casos- compartir su vida diaria con otras personas y convivir en comunidad para intentar deconstruir prácticas dominantes de todo tipo.
Ayer, en este día como cualquier otro en el barrio de Tetuán, 16 personas fueron arrestadas. Las primeras 4, acusadas y castigadas con detención por un derecho fundamental: el derecho a vivir bajo un techo comunalmente. Las otras 12, castigadas –también con la detención- por otro derecho fundamental: el derecho (y el deseo) de demostrar solidaridad. Ese mismo día, al mediodía, un mediodía como cualquiera, sin ninguna orden judicial, las primeras 4 fueron desalojadas. El propietario del inmueble previamente deshabitado (el verdadero ladrón), escoltado por los siervos del capitalismo que la gente conoce como “policía” a quienes había llamado, rompió la puerta con una cizalla irrumpiendo en el hogar. Por la tarde, una tarde como cualquiera, un grupo de manifestantes nos concentramos espontánea y pacíficamente en la Plaza de la Remonta, donde se encuentra la comisaría donde estaban nuestras compañeras, para protestar. Pero no llegamos muy lejos porque casi inmediatamente aparecieron efectivos policiales de la brigada antidisturbios que cargaron con violencia contra nosotras mientras con tranquilidad y cantando con alegría nos alejábamos.
Si bien toda violencia por parte de los aparatos represivos del Estado es TOTALMENTE injustificada, teniendo en cuenta el espíritu y el ánimo que guiaba a las manifestantes, el accionar de la escena fue completamente desproporcionado. Esto evidencia con claridad y sin tapujos las prácticas de la Europa fascista (es decir democrática) de hoy y su mensaje: tomar las calles, reclamarlas, apropiarse de los espacios y de la propiedad privada es ilegal; y cualquiera que hable y se exprese es un agresor y un criminal y será perseguida. Todas somos vándalos. ¡Y mejor que así sea! Para darnos cuenta de dónde están nuestras hermanas, quiénes son nuestras aliadas. Al final la democracia se saca la careta para que alguna que otra deje de creer en las posibilidades de diálogo no violento con el Estado. No se trata de ver como en un campo de batalla a los buenos y a los malos. Sin embargo, es hora de reivindicar nuestros actos, y de creer en nuestra potencialidad de lucha con acciones bellas y llenas de sueños, sueños de gente despierta-.
Esa misma tarde como cualquier otra, la policía – que sorbían sus narices como si hubieran estado jalando alguna sustancia estimulante en un afterhour y con sus ridículos disfraces de robocop- hizo efectivamente aquello que sabe y gusta de hacer: gritó, provocó, empujó, forcejeó, tiró al piso, pateó, arrancó pelos y golpeó con sus porras a las manifestantes en imágenes que guardaremos en nuestras mentes para siempre. Y pese a la resistencia no violenta de la personas congregadas, la policía retuvo nuestros documentos de identidad, arrestó (acusando de agresiones) a 12, “extravió” la documentación de 9, y nos obligó a todas a permanecer contra la pared -sin permitirnos hablar siquiera entre nosotras ni por nuestros teléfonos- por más de una hora como testigos mudas de sus violaciones a nuestras amigas y compañeras; delante de una iglesia en la calle Azucenas que, como era de esperar, no detuvo sus servicios.
Frente a esto, y más allá de toda apatía, veo a jóvenes con deseos de libertad y de compartir comunalmente sus vidas y solidarizarse con otras individualidades. Este quizás sea el momento de decir: Aquí vivo y aquí me quedó, porque he trabajado por este lugar, este lugar que era un basural, que estaba deshabitado para beneficio y usufructo de los propietarios y el negocio inmobiliario mientras tanta gente se muere de frío en las calles. Este también sea momento de salir con más fuerza y más vehemencia a recuperar los espacios públicos, es decir la vida, sin miedo, con la euforia de nuestros cuerpos parlantes y de solidarizarnos con cualquier demostración contra el sistema. Este es el momento de visibilizar -para que quien quiera y pueda ver lo haga- que esta es la democracia a la cual se nos convoca desde las urnas, los votos y las mentiras: la democracia que hambrea gente, que no tiene y no quiere tener trabajo para todas, que mata animales, que persigue migrantes, esta democracia cargada de muerte, que quema nuestros bosques, nuestros tesoros a compartir con todas, que nos aniquila y nos esclaviza, que nos prostituye y nos deja idiotas. Esta es la democracia, y estos son sus soldados (las fuerzas del orden) para quienes, no importa lo que hagamos, somos peligrosas. Y ese riesgo y ese peligro, ese deseo de existir contra toda forma de dominación en alegría, afinidad y organización anarquista lo quiero reivindicar.
Por eso, este es el momento de unirnos en el aliento, como decía Emma Goldman, unirnos en nuestros deseos y nuestras pasiones y demostrar nuestro apoyo mutuo, nuestra solidaridad y de mostrarle que nosotras no juzgamos a nuestras compañeras, que para eso están los tribunales. Nosotras nos organizaremos mejor y más, vamos a por todo y no tan solo una pequeña parte segura. Tomemos esta oportunidad que se nos presenta para multiplicar las ocupaciones y la solidaridad con las presas y las detenidas de todo el mundo –que la abolición de la propiedad privada crezca como hongos-, para hacer que nuestras acciones contra el estado de las cosas y las cosas del Estado proliferen como flores y como pasiones aquí y ahora porque la vida es mucho más que casa, ropa y trabajo. Que Amor y Anarquía y Riesgo sean los leños que hagan arder nuestros corazones en este frío invierno en las calles.
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Jueves 28, Madrid. Todas nuestras compañeras después de torturas psicológicas varias (como no servirles alimentos, no atenderlas médicamente, ni dejarlas dormir) fueron liberadas sin pendientes de juicio en Marzo por cargos menores y después de resistir y solidarizarse con una compañera travesti a quien la policía quería encerrar en la celda de varones (humillación que las compañeras resistieron hasta conseguir que fuera llevada a la celda con ellas)





































