Haciéndome eco de un pedido largo que vengo recibiendo en cuanto a qué alimentos corresponden a cada estación del año, les ofrezco una pequeña guía de los mismos para esta época del año, que iremos sucesivamente completando con el correr del tiempo.
No cabe ninguna duda que el verano ya está entre nosotros, los calores se hacen sentir, por lo que resulta importante ajustar nuestra ingesta diaria de alimentos y bebidas para esta circunstancia.
Hace algunos años, no había lugar para la confusión ya que las verdulerías ofrecían a los clientes exclusivamente las frutas y verduras de estación. Pero la introducción de los invernáculos y las cámaras frigoríficas, que crean condiciones artificiales para que los productos se desarrollen fuera de su temporada o 'aguanten' por más tiempo, respectivamente, nos hace dudar en cuanto a si son de temporada o no, ya que se ofrecen casi todos los productos, todo el año.
Tengamos en cuenta que una de las dos razones por las que ingerimos alimentos a diario es la de mantener la temperatura corporal estable en torno a los 37º, para lo cual nuestro organismo combustiona permanentemente distintas sustancias para tal objetivo. Cuando la temperatura exterior es tan alta - a veces tanto como dentro nuestro - esta necesidad se reduce al mínimo. Por lo tanto, desestimaremos los alimentos que aportan fuentes calóricas en favor de aquellos que precisamente reducen nuestra temperatura corporal, con alto contenido de líquidos, y que se ofrecen en buenas cantidades.
Asimismo, un precepto básico que pertenece a la Macrobiótica sostiene la necesidad de consumir aquellos alimentos que se desarrollan en el clima en el cuál vivimos o similar. Es decir, comer lo que crece en nuestra zona. Esta ciudad se sitúa unos 12º por debajo del Trópico de Capricornio, es decir, vivimos en un clima subtropical con cuatro estaciones más o menos bien marcadas, por lo que es aconsejable proveernos de los productos que crecen en esta franja climática.
Frutos como el tomate se encuentran en plena temporada, así como también los pepinos y los zapallitos de tronco. Podemos aprovechar también las últimas arvejas, rollizas y chauchas frescas como legumbres antes que las encierren en latas. Frías en ensaladas.
En tanto, los morrones y las berenjenas aún no han entrado, y las que se ofrecen en las verdulerías tienen meses de cámara de frío. Hay que esperarlos. De hecho, su contenido de agua es menor comparado con los tomates y pepinos, como para la segunda parte del verano. Lo mismo pasa con los choclos, las plantas aún estàn en pleno crecimiento.
Entre los frutos dulces, encontramos el durazno, pelones, damascos, cerezas, y las últimas ciruelas y frutillas (éstas últimas lavarlas bien por que le echan 'de todo').
Ya no frutas cítricas. Las últimas naranjas fueron cosechadas en setiembre - y resultan ideales para nuestras necesidades invernales -, por lo que todas las que se ofrecen ahora y hasta mayo/junio del año que viene son de cámaras.
Por su parte, las manzanas no son de esta época pero tienen una estructura 'aguantadora' y por algo es; son bien de esta zona por lo que podemos incluir alguna que otra. Su cosecha es para marzo/abril.
Dejaremos de lado por lo tanto, los tubérculos y frutos 'duros', como la papa, batata, mandioca, calabaza, etc. todos ellos calóricos por lo que no los necesitamos ahora. Solamente alguna que otra zanahoria o remolacha, rayados crudos en ensalada.
Podemos prescindir de las verduras de hoja que no pertenecen a esta época y que no necesitamos. Solamente la albahaca y alguna que otra lechuga sin que sea necesario. Tampoco las coles.
Asimismo evitaremos los frutos secos como nueces, almendras, avellanas, maníes, etc. todos ellos superconcentrados y calóricos. No se olviden que toda ingesta por sobre nuestras necesidades puede ser acumulada en el organismo, con (algunas) sabidas consecuencias. Me permito en cuanto a ésto, reformar una conocida frase: "Lo que abunda, daña".
En cuanto a las zonas, si bien resultan riquísimos, el melón, la sandía o el ananá pertenecen a climas bien distintos al nuestro y trataremos de evitarlos; de hecho resultan de difícil digestión para mucha gente. Mucho menos el mango, la papaya o el coco, claramente tropicales y excelentes para las necesidades de las personas que viven allí. Sucede que la modernización de los transportes internacionales hace que dispongamos de los frutos más distantes y exóticos. Pero el hecho de que así sea no implica que debamos consumirlos.
De alguna manera también, los precios de los productos nos arrojan algún indicio acerca de si los mismos son de estación o no. En general, aquél que es de temporada, se cosecha en cantidades importantes y al llegar a los mercados - si es que no es exportan masivamente - crea excedentes de oferta que impulsa los precios hacia abajo (disculpen la explicación económica).
Contrariamente, los que están fuera de temporada, son pocos y al ser requeridos igualmente por la gente, alcanzan precios altos.
En cuanto a los cereales, lo ideal es consumirlos crudos o previamente hervidos y enfriados.
Por ejemplo, una posible opción para el desayuno es remojar avena arrollada y mezclarla con frutas, acompañada porqué no de un jugoso tereré (que por suerte en mi caso personal, he definitivamente incorporado). Adicionar eso sí, salvado de avena ya que la avena molida no es integral (de hecho, ninguna harina de cereales lo es).
En cuanto al almuerzo o cena, cereales enfriados como arroz integral, trigo, quinua, etc. con frutos cortados o rayados y semillas. También el trigo burgol cumple el mismo papel, remojado unos 15' minutos (viene precocido) o la cebada perlada, que remojada 24 o 36 horas - cambiando el agua cada 12 - está lista para consumir sin cocción. De hecho esta regla sirve para la totalidad de cereales y legumbres: cuánto más los dejamos previamente en remojo, menos calor necesitan (y menos calor incorporamos nosotros).
Otra opción de consumir cereales y legumbres es germinarlos o brotarlos. Si bien podemos hablar largo y tendido acerca de cómo consumir alimentos vivos, una forma simple por ejemplo de germinar es disponer de una bandeja o plato grande y encima un trapo que mantendremos húmedo rociándolo con agua de tanto en tanto. Arriba pondremos los granos que hubimos de remojar desde la noche anterior. Al poco tiempo, asomará de ellos un cuernito blanco y ahí ya están listos para consumir.
También pueden conseguir en algunos comercios brotes de alfalfa, de rabanito, etc. y adicionarlos, junto con shoyu o miso.
Por último ajustaremos también los volúmenes. En general resultan obviamente menores que en épocas de menor temperatura - y de hecho el hambre así lo reafirma - y podrán distribuirse por ejemplo con un desayuno sustancioso, un almuerzo frugal ya que ahí la temperatura alcanza su pico, y una cena algo más contundente.
Con esta forma de comer - evitando realizar actividades en los momentos del día de mayor temperatura - la necesidad de líquidos fuera de las comidas se reduce casi al mínimo porque los estamos incorporando con los frutos. Tengan en cuenta que el tomate es una forma de vender agua, camuflada en envase rojo.
La mayoría de los frutos mencionados tienen buena dosis de fibras celulósicas, lo que asegura una buena defecación, ventaja adicional para las mujeres que según una conocida publicidad, 'se encuentran casi todas constipadas'.
En fin amigos, todo esto es para que seamos inteligentes a la hora de comer.
No es casualidad que la naturaleza haga crecer en esta época exactamente los alimentos que necesitamos, por lo que consumirlos es sintonizar con el ciclo biológico de las especies vegetales, de las cuales somos indudablemente dependientes.
Así como en las distintas estaciones adaptamos nuestra vestimenta y nuestros actividades conforme cambian la temperatura y la extensión del día, lo mismo debemos hacer con los alimentos que ingerimos.
Desde ya que esto pretende ser solamente una guía general de alimentación. Cada cual deberá realizar los ajustes que crea necesarios de acuerdo a lo que el cuerpo le indique, a las características morfológicas que le son propias, y a la etapa que esté atravesando, ya que como sabemos, cada uno de nosotros es una individualidad bioquímica particular.
Bien amigos, como siempre un placer, manden fruta y hasta nuestro próximo encuentro.
Adrián
Pachako
(en breve, algunos comentarios útiles)